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SEIS VECES 11-M
10-marzo-2010
Este invierno ha nevado, como hacía años no nevaba en Madrid. Nos resulta un invierno frío; pero más especialmente, sobre un tramo de las vías del ferrocarril que salen o entran desde la estación Madrid-Puerta de Atocha.
Ahora, en marzo de 2010, se cumplen seis años desde aquel criminal atentado en varios trenes de cercanías de Renfe. El 11 de marzo del 2004, uno de esos convoyes, lleno de trabajadores, empleados y estudiantes, que querían llegar temprano a sus respectivos quehaceres, se detuvo ante las ventanas de mi vivienda; esperaba el tren le dieran paso para entrar en los andenes de la estación, y unos terroristas fanáticos obligaron que muchos pasajeros se hundieran para siempre en el túnel de la muerte.
Varios ferrocarriles más, en similar hora, en barrios periféricos o pueblos aledaños a Madrid, sufrieron las mismas consecuencias por efecto de una simple llamada a un teléfono móvil. Muy tarde, seis años después, todos los abonados al servicio de cualquier compañía de telefonía móvil han de estar registrados; en unos cuantos años más, las tarjetas prepago habrán desaparecido, y se ejercerá un mejor control mediante la domiciliación bancaria. Lamentablemente, en todo este tiempo de retraso y atrasos, con un móvil será posible teledirigir el más sofisticado cohete o misil; falsificar el papeleo, es cosa de coser y cantar –o morder y matar- para el más vil criminal.
Mientras, los días, plenos de evocaciones, entre gozos y sombras, han venido pasando con matemática precisión de calendario gregoriano. Pero nunca han faltado ramilletes de flores, adosados con afecto, anudados con entrañable cinta o fuerte cordel, sobre la valla metálica que ahora ha renovado ADIF (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), en lugar de la antigua malla de metal, limitando propiedades entre Ministerio de Fomento y Ayuntamiento de Madrid.
A dicho organismo municipal, escribieron unos vecinos de mi casa. Teniendo en cuenta que la Junta del Distrito de Retiro, donde se ubica el barrio de Pacífico –para más contrasentido del criminal atentado- está a muy poca distancia del lugar de ese horrible acto terrorista, fue sencillo presentar su carta en el Registro municipal. Dicho lugar ha estado años abandonado, convertido en un terreno baldío que era caldo de cultivo por las heces caninas.
Y bastó un sencillo manifiesto, de fecha 24 de abril de 2009, para que el Concejal Presidente del Distrito, don Luis Asúa Brunt, ordenara que se rectificara ese triste abandono. Casi un mes después, el 22 de mayo de 2009, aquel erial quedó convertido en un hermoso jardín. Hasta el cielo lo agradeció, porque estuvo lloviendo un tiempo sobre ese terreno recién plantado. Ahora tenemos esperanzas de ver -en la próxima primavera- los colores naturales del nuevo jardín, haciendo un imborrable homenaje a las víctimas.
Para un mejor acceso a esos muros linderos del ferrocarril, albañiles y jardineros del Ayuntamiento construyeron unas cómodas rampas, en obra similar a como son las aceras para peatones de esta capital. Por ellas siguen concurriendo quienes llevan ofrendas en memoria de sus difuntos; otros dejan mensajes escritos sobre la pared de hormigón; o cuando llega la noche -una noche cualquiera- puede aparecer encendido el cabo de una vela mientras esa anónima mano que lo prende realiza un rezo, o tal vez un verso.
Así entiendo nos dicen: “A este otro lado de la valla, a este otro lado de la muerte como es la propia vida, si se perdona o no se perdona al criminal… a ellos –cerca de doscientos muertos- seguro que no les vamos a olvidar nunca”.
Con este sencillo jardín dedicado al 11-M, que por ser el último homenaje público lo considero para mí el primero, han quedado constituidos de forma perenne todos sus recuerdos. Tal como otros monumentos, en cada lugar donde ocurrieron los hechos; todos en honor a ciento noventa y una víctimas inocentes de fanáticos terroristas, como sucedió esa triste mañana del once de marzo de dos mil cuatro, aquí en Madrid, en toda España.
Pedro Miguel Ortega Martínez
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